Creo sinceramente que España está viviendo en estos momentos el amanecer de una era dorada del ‘emprendizaje’. Ya sea por convencimiento u obligados por las circunstancias, miles de personas en nuestro país están estudiando en estos momentos, tomando la decisión o iniciando los primeros pasos de una aventura empresarial.
Sin exagerar lo más mínimo, desde la vuelta del verano estoy manteniendo reuniones prácticamente diarias con futuros emprendedores/as. Ayer mismo almorcé con uno [de Madrid] y tomé café con otra [de Pamplona]. La mayoría de ellos son antiguos alumnos de la IE Business School, pero también establecen contacto conmigo personas que han asistido a alguna de mis conferencias sobre Innovación o Entrepreneurship o que sencillamente me han descubierto a través de mi blog.
A todos les suelto, si me permiten la expresión, el mismo discurso desde hace años: la necesidad de identificar los supuestos en los que se basa su idea de negocio y de traducirlos en hipótesis verificables; salir al encuentro del cliente desde el primer momento; simplificar, simplificar, simplificar; “fail early, fail fast, fail often - and learn!”; "La Pa$ta está Ahí Fuera [en los bolsillos de tu Cliente]"; empieza pequeño, continúa pequeño, etc.
La mayoría no quiere ni oír hablar de todo esto. Me preguntan por Business Angels, Venture Capital, fondos, subvenciones o ayudas a fondo perdido. Sin tener ni idea de si alguien querrá pagar o no por su producto o servicio, sin datos, sin cifras, sin hipótesis verificadas, por no hablar de usuarios del producto o servicio ni mucho menos clientes de pago. Antes que cualquier otra cosa, les preocupa la financiación. A unos más, a otros menos. Pero todos sacan el tema en la primera reunión.
Y siempre les digo lo mismo: "En estos momentos, deberías estar mucho más interesado en encontrar un buen abogado, que en averiguar de dónde vas a sacar la pasta, porque a él/ella lo vas a necesitar desde el minuto -1 y la pasta… quién sabe". Una start-up no es una empresa. Es una organización temporal diseñada para descubrir un modelo de negocio rentable y escalable. Es una solución por construir para un problema por conocer. En otras palabras, cuando empiezas no sabes si vas a llegar a necesitar ese dinero [ni cuánto, ni cuándo, ni para qué], pero con toda seguridad necesitarás un asesor legal de confianza.
Un buen abogado es para un emprendedor lo que Marilyn Monroe cantaba de los diamantes para las chicas: su mejor amigo.
Buscaros un buen abogado. Es el mejor consejo que recibiréis nunca de nadie.


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