Leo en el suplemento de Expansión & Empleo del periódico El Mundo [pág. 21] que los ejecutivos españoles se muestran cada vez más dispuestos a continuar su carrera fuera del país. Nos dice la autora del artículo [Tamara Vázquez] que, en un escenario de escaso o nulo crecimiento, escasez de puestos de trabajo, contracción de los sueldos, etc, no es de extrañar que casi uno de cada cuatro ejecutivos se plantee emigrar a otro país. Mi percepción de la situación coincide en lo esencial con la de la autora, pero creo que sólo cuenta la mitad de la historia.
He comentado en otros foros que mantengo la opinión de que las empresas españolas, y me refiero a las PYMES, además de innovar [¿en vez de?] no tendrán más remedio que salir fuera [Go International, dude]. Todos, incluso profesionales libres, Consultores a pecho descubierto como el que esto escribe, tendremos que dar el paso más pronto que tarde.
Algunos clientes míos, importantes empresas de mediano tamaño, referentes en sus respectivos sectores, han emprendido ese camino desde hace unos pocos años [menos de cinco], comprando otras PYMES en países como Turquía, Brasil o China, para ofrecer desde allí sus productos a los mercados situados en las regiones de influencia.
Crecer comprando empresas en el exterior supone "llegar más rápido", por lo general, que confiar en un crecimiento orgánico, pero también suele requerir de un proceso de "adaptación" o, más bien, de "asimilación cultural" de la compañía adquirida, que debe hacer suyos los valores, enfoques, políticas, etc, de la casa matriz... y este proceso puede dilatarse varios años. ¿Cómo contagiamos nuestros valores, puntos de vista, 'estilo de dirección', etc, a una organización situada en otro país, en la que trabajan personas que hablan otro idioma, están inmersos en otra cultura, ven, sienten, piensan sobre el mundo de manera muy diferente? Más áun, ¿Cómo podemos acelerar ese cambio? La respuesta habitual es enviando a alguno(s) de "nuestros muchachos".
No ha sido tarea sencilla encontrar personas con las cualidades, competencias, deseo, de salir fuera en nuestro país en los últimos 30 años. Sin ir más lejos, las personas de mi generación seguimos teniendo, en un porcentaje muy elevado, una asignatura pendiente con los idiomas. Las personas más jóvenes están [al parecer] mejor preparadas, pero creo que seguimos estando muy lejos de los jóvenes, bilingües a todos los efectos, de países como Holanda. Incluso Grecia o Portugal han preparado mejor en este terreno a sus futuros ejecutivos. Si a eso añadimos otros factores idiosincráticos, del tipo "en ningún sitio se vive como España" o la locura por ser propietarios de casa antes de los 35 años, entenderemos por qué arrastramos un serio problema de movilidad geográfica. Si no fuera por el programa Erasmus, muchos estudiantes hubieran terminado su carrera sin haber salido nunca del país [Nota al margen: creo que participar en el programa debería ser obligatorio para todo alumno universitario... y al menos optativo en secundaria].
A todo lo anterior se suma otro problema, esta vez de índole [incompetencia] gerencial. Las empresas españolas, incluso las grandes, multinacionales por derecho propio, aquellas que hoy en día cuentan con una gran experiencia, las que se presentan como modelo a seguir para el resto de nosotros, han gestionado muy mal durante décadas estas operaciones de ex-patriación y acogida. He sido testigo presencial de cómo una importante compañía del sector energético perdía a algunos de sus mejores empleados por no haber sabido o querido gestionar adecuadamente su retorno. Por citar sólo un detalle que a veces se olvida, la acogida debe empezar a planificarse mucho antes de que la persona sea desplazada a su nuevo puesto en el exterior. Una mala gestión del retorno de los expatriados hace mucho más difícil conseguir nuevos voluntarios.
Todo lo que he dicho se multiplica por un orden de magnitud cuando pasamos de la gran empresa a las PYMES del país. No quiero decir que la PYME española no salga fuera; hay multitud de casos de éxito. Pero conozco varios casos en los que las iniciativas de internacionalización están agonizando miserablemente. No es que no tengan mercados para sus productos. No es que no haya demanda. No es que no tengan capacidad productiva para satisfacerla. En un país con un 20% de paro, estas empresas están descubriendo su "Limitación al Crecimiento" en el último sitio donde hubieras esperado encontrarla: no encuentran en sus organizaciones personas a las que confiar esa tarea.
Os pongo un ejemplo [tengo más]. Una empresa mandó a un joven ingeniero a abrir una planta en un país del Oriente Medio. Dos años y medio, cuando regresó [cumplidos los objetivos], encontró que su antiguo puesto no existía, lo que le ofrecían sonaba a una solución improvisada y, para colmo, su sueldo empeoraba sustancialmente. Seis meses después abandonó la empresa. La historia corrió como la pólvora, causando estragos en un nuevo intento de expatriación, esta vez a Centro Europa. Hace unos meses todavía seguían buscando a alguien que aceptara de buen grado el traslado.
Fijaos en esto. Si no hay mercado para nuestros productos aquí, o desarrollamos nuevos productos y/o buscamos en otro sitio quien nos compre lo que ofrecemos. Aquí no parece haber mucho dinero, así que en cualquier caso parece buena idea buscarlo fuera. Sin embargo, para ello necesitamos encontrar en nuestras organizaciones personas que no sólo estén capacitadas [eso daría para otro post], sino que estén dispuestas a dejar atrás su casa, familia, amigos, lugares, rutinas, vidas. Ahora, no dentro de un año. Y, paradójicamente, a pesar de que hoy hay más personas que nunca dispuestas a salir fuera, no las encontramos en las PYMES que están abriéndose camino en el exterior.
Qué paradoja, ¿No es cierto?


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