David Perkins, de la Universidad de Harvard, descubrió en los años 80 una fuerte correlación positiva entre la inteligencia de un individuo [la que miden los tests de inteligencia estándar, IQ] y su capacidad para ofrecer razones para adoptar una postura y defenderla. El estudio descubrió también una correlación negativa entre la inteligencia y la capacidad de considerar otras alternativas.
Esto es, a mayor cociente de inteligencia, mayor el potencial de "inmunidad ideológica" del individuo, más "resistente" es a las ideas ajenas, más le cuesta encontrar los fallos, de haberlos, en su razonamiento, más difícil le resulta 'desaprender' lo viejo ya inservible para acomodar lo nuevo, para seguir avanzando.
La inteligencia es para algunas personas una trampa perfecta: cuanto más la usan, más se encierran en ella.
Fuente: Por qué creemos en cosas raras, Michael Shermer, Editorial Alba


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