No pasa nada
Hablo con la Rubia de los múltiples follones en los que ando metido. Me dice: "No pasa nada, Mario. Nunca pasa nada. Y aunque finalmente pase, sabes que al final tampoco pasa nada". La Rubia no lo sabe, pero de lo que habla, en realidad, es de algo que los psicólogos denominan 'Impact Bias', un error cognitivo que nos lleva a sobrestimar nuestra reacción emocional a eventos futuros. Las evidencias experimentales demuestran que la mayor parte de las veces no nos sentimos tan mal [ni tan bien, ojo] como imaginábamos ante determinados eventos una vez que éstos han sucedido.
Por ejemplo, hay estudios que demuestran que dos meses después de terminar una relación los implicados - dando por sentado que sean personas medianamente cuerdas - se encuentran menos angustiados de lo que habían temido. Lo mismo puede decirse de otras catástrofes vaticinadas, incluyendo el hecho de ingresar en prisión. Una vez que estás "ahí", una vez que "lo peor" ha ocurrido, descubres que las cosas, siendo malas, no son tan terribles, ni el dolor se prolonga durante tanto tiempo, como las hacíamos parecer en nuestra cabecita. En el fondo, somos unos mamones de cuidado.
Detrás de este "Impact Bias" encontramos un error típico del pensamiento - un estrechamiento del foco de atención. Cuando se piensa acerca del impacto de lo que está por venir, tendemos a mirar a una parte pequeña de la situación, pasando por alto todas las otras cosas que están en marcha en nuestra vida. Sin duda, otros sucesos competirán por nuestra atención cuando llegue el momento, restando "carga" emocional a lo que antes nos preocupaba [o entusiasmaba] tanto. Incluso cuando se trata del fin de algo muy querido - un proyecto, una relación, un sueño -, la vida continúa en el resto de múltiples derivadas. Duele, sí... pero menos.
[Escribo esta entrada después de leer el mágicamente oportuno post dedicado al Impact Bias en Psyblog Update]






Últimos comentarios