Muchos pensamos desde los primeros momentos que la denominada crisis de las hipotecas subprime era, básicamente, una crisis de confianza [ved, por ejemplo, 'Una nube para el Sr. Almunia' en estas mismas páginas]. El problema, decíamos, estaba ocasionado por la falta absoluta de transparencia alrededor de determinados productos de inversión, facilitada por el uso abusivo de un mecanismo financiero denominado 'titulización'. Otras personas mucho mejor preparadas que yo han descrito los pormenores conocidos de esta debacle. A ellos os remito [agradezco la referencia, una vez más, a J]. Por mi parte, me gustaría revisar mi diagnóstico inicial.
Es cierto que hay una crisis de confianza y es cierto que esta crisis se origina, en parte, en la falta de transparencia. Pero creo que el problema es aún más profundo. Creo que esta crisis económica es, de hecho, una crisis ética. Creo que sus raíces están en la catadura moral de muchos de los que toman decisiones en bancos, gestoras de fondos o agencias de calificación. Creo que si valores como la Integridad significaran algo para una mayoría, esta crisis no se hubiera producido nunca.
El aterrador [para mí] reportaje 'The Poverty Business', publicado en portada en la revista Business Week en junio de 2007, escasos meses antes del estallido de la crisis, hizo que saltaran todas mis alarmas por aquel entonces [qué fácil es explicar a posteriori algo que era imposible predecir en su momento!]. Los microcréditos ofrecen a miles de personas en todo el mundo la esperanza de salir de la pobreza, pero el crédito caro a las personas de rentas más bajas en los Estados Unidos sólo era un negocio, sin pretensión alguna de servir de ayuda. Cientos de miles de personas cayeron en esquemas financieros que bordeaban la explotación, porque no hay libertad de elección, ni es posible, por tanto, una economía real de libre mercado, cuando se dan tales asimetrías entre los agentes que en él participan [bancos multinacionales vs. personas sin educación financiera ni, de hecho, de cualquier otro tipo: mi idea de una pelea justa!].
No deja de ser irónico que la codicia desatada impidiese ver a todos estos listos que sembraban las semillas de su propia ruina. Ni siquiera pudo salvarnos algo así como el "honor entre ladrones", porque ha quedado muy claro que tal cosa es pura entelequia en el mundo financiero. La titulización de las hipotecas basura contagió a todo el mundo del riesgo de impagos. Estamos siendo testigos de una variante [trágica, por las consecuencias] de ceguera sistémica que podría haberse evitado si los consejos de administración de estas empresas hubiesen actuado de forma socialmente responsable. En otras palabras, la Responsabilidad Social de la Empresa debe ser algo más que un instrumento al servicio de la imagen de la empresa. Los accionistas de medio mundo debemos exigir a los equipos gestores de las organizaciones en las que invertimos un comportamiento ético, aunque sólo sea por salvar nuestros culos.


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