Leo en el Expansión del miércoles 18 de abril - tengo atrasos hasta en la lectura de la prensa diaria - un entretenido artículo de José Medina, señor al que no conozco pero que me ha proporcionado diez minutos de amplia sonrisa mientras tomaba un café [¿Qué pensaban que iba a decir?] de 1,20€.
Su artículo se titula "PP, PSOE y el dilema del prisionero" y en él realiza una interpretación, medio en broma, medio en serio, de las relaciones entre los dos partidos políticos mayoritarios en nuestro país en estos momentos desde la perspectiva de la Teoría de Juegos. El sr. Medina considera que hay muchas similitudes en la penosa situación de la que estamos siendo testigos con el escenario clásico del 'dilema del prisionero'. La idea no es original, pero es divertida. La única pega que le veo al artículo es que parte de un supuesto que en mi opinión es erróneo. El sr Medina supone que ambos partidos ganarían más cooperando que en un ambiente de continua crispación y estoy convencido de que esto no es cierto. Apuntaré algunas de las razones que tengo para pensar así.
Creo que si los dos partidos con representación mayoritaria en el Parlamento se avinieran a colaborar, todos los españoles saldríamos ganando, incluso aquellos que siéndolo se sienten, además, o por encima de, otra cosa. Lo creo porque estoy seguro de que se adoptarían mejores decisiones, se elaborarían mejores leyes, las instituciones democráticas funcionarían mejor... Pero también estoy seguro de que muchos "estrategas" en ambos partidos ven las cosas de otra manera, o al menos, ven otras 'derivadas' en todo este asunto...
Por ejemplo, se me ocurre que algunos dirigentes del PP pueden pensar que colaborar, aún cuando el PSOE cumpliera con su parte, no haría más que reforzar al Gobierno de cara a las urnas, anclando gran parte del voto 'moderado' en la opción más "lógica". Después de todo, si las cosas van bien, ¿Para qué cambiar? Tal vez un sector - ¿un señor? - influyente en el PP considera que mejor estrategia es la del acoso permanente, no dar tregua - ni agua! -, desgastar, convirtiendo el juego democrático en un combate por puntos, en un "a ver quién aguanta más", con la esperanza de que, finalmente, sean ellos.
Por otro lado, también podría ocurrir que en el PSOE hubiera quien pensase que sacarán mejores réditos de sus esfuerzos demonizando al PP ante los ciudadanos, presentándoles como una formación cada vez más cerca de la ultraderecha y/o presentándolo como un paria en la escena política - "todos los partidos políticos, excepto el popular, votaron a favor (o en contra) de la moción". Les suena. Aparentemente, la estrategia del PSOE es la del envilecimiento, seguida del aislamiento o - idealmente - el destierro de la oposición de la arena pública. Creo que algunos "estrategas" de cierto peso en el PSOE temen, no sé, tal vez que colaborar con el PP 'adormecería' a un sector importante de su electorado, haciéndoles perezosos hasta para levantarse el domingo a votar, porque total, si todo va bien, ¿Qué razones hay para suponer que vaya a cambiar?. Algunos no quieren que olvidemos nunca que el fantasma del "fascismo", que en realidad en otra cosa, pero no nos vamos a andarnos con nimiedades ahora, sigue 'estando presente'.
Se me ocurren otras razones, pero no quiero aburrirles. Además, no tengo pruebas.
En definitiva, tanto un partido como el otro tienen más razones - preveé recibir una mayor recompensa - para no cooperar que para hacerlo. Y la razón es sencilla: esto es así porque los partidos políticos, lejos de ser la máxima expresión de una sociedad civil desarrollada, madura - preciosa palabra, por cierto - que debieran ser, no persiguen en realidad el bien común - de hecho, dudo siquiera de que puedan hacerlo -, sino perpetuarse en el poder. Luchan, como todo organismo vivo, por su supervivencia. En realidad, actúan en el ámbito del Estado las mismas estructuras que subyacen en la aparición de "silos organizativos", también llamados "reinos de Taifa" en nuestras organizaciones. Somos víctimas de la suboptimización o, si lo preferíis, de la búsqueda de óptimos locales, en detrimento del óptimo global. Volveré sobre esto muy pronto. Lo cierto es que tengo muy claro que o alguien encuentra una manera de obligar a los partidos políticos a trabajar por el país - a perseguir la mejora del rendimiento del "sistema España" en su totalidad - o nunca alcanzaremos nuestro pleno potencial... y digo esto por no pintarlo más negro.
Algunas de las soluciones apuntadas para mejorar nuestra Democracia,
como avanzar en la plena independencia de los poderes públicos - que no
es tal, no nos engañemos -, cambiar la financiaciación de los partidos
políticos, reformar la ley electoral, para que deje de penalizar a las
opciones con menos votos, acabar con las listas cerradas, incentivar la
participación de la ciudadanía en la elaboración de las leyes, más
democracia directa reforzada con TICs... no sé si conseguirán resolver lo que en mi opinión es el verdadero problema de fondo de nuestra - ¿todas? - Democracia: los partidos políticos no tienen incentivos reales para cooperar. Lo siento, ojalá tuviera la respuesta.


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