Entre las lecturas de estas vacaciones se encontraba el número de agosto de la edición USA de Scientific American. Incluía un extraordinario artículo de Phillip E. Ross titulado 'The Expert Mind', en el que
se hace una revisión bastante completa de lo que hoy en día sabemos sobre lo que significa
ser un experto a partir del trabajo realizado por el autor y otros investigadores sobre Grandes Maestros de ajedrez. El artículo ha generado bastante "ruido" en la Red, incluyendo una
citación en Slashdot; además, tendréis la oportunidad de leerlo en el número de octubre de la edición española de la revista... a pesar de eso, me gustaría comentarlo también aquí. Y como creo que Andrés Pérez Ortega, de Marca Propia, tiene mucho que decir sobre lo que significa ser un 'experto', especialmente cuando hablamos de ser un experto 'reconocido', os animo a que consideréis esta entrada como una parte de dos - dos formas distintas de tratar un mismo tema-, siendo la otra la perspectiva que nos ofrece Andres en su post "Expertos, gurús y otros gestores de Marca Personal". Hoy, en nodos en la red, 'blogueamos' a dúo!
Algunos de nosotros sentimos el - en mi opinión, perfectamente legítimo - deseo de llegar a dominar una o varias áreas del conocimiento humano, hasta el punto de conseguir en ellas un nivel de desempeño 'óptimo' o, si lo preferís, 'excelente'. Soñamos con alcanzar la excelencia en un ámbito determinado de las ciencias, las artes, el deporte o cualquier otra actividad humana - ya sea en campos como la dinámica de sistemas, la fotografía submarina o en la interpretación de la música de Satie. Dedicamos muchas horas a reunir información sobre esos ámbitos, ordenarla o relacionarla entre sí; aprendemos a usar esa información, buscamos oportunidades para poner nuestros conocimientos en práctica. Cuando conseguimos acreditar ese dominio con resultados demostrables, medibles, de forma regular - e, incluso, diría que 'predecible' -, empezamos a considerarnos dignos de la etiqueta de "experto" en dichas materias.
Salvo raras excepciones, es muy difícil cuantificar el 'expertise' de una persona.
Ross explica en su artículo que esa es la razón por la que los Grandes
Maestros de ajedrez son sujetos predilectos de la investigación de los
procesos cognitivos de la mente experta. Los sistemas de calificación
desarrollados para el ajedrez son tremendamente eficaces cuando se
trata de determinar la competencia de los jugadores, así como a la hora
de predecir su desempeño. Por ejemplo, si un jugador posee una
calificación superior en 200 puntos a otro, podemos estimar que en un
75% de las ocasiones en las que se enfrenten conseguirá la victoria.
Es difícil encontrar algo así en otros campos del conocimiento. Las certificaciones profesionales, las acreditaciones académicas, las publicaciones o las referencias de clientes son lo mejor que podemos presentar la mayoría de nosotros para acreditar nuestro 'expertise', pero es evidente que distan mucho de conformar un sistema a prueba de errores para la 'identificación' de expertos. Creo que estaréis de acuerdo conmigo en que alguien que se considere "experto" debe tener algo más que dominio de la jerga al uso y/o buenas credenciales.
Las "reglas del pulgar de Lopez de Ávila" para la identificación inequívoca de expertos son bien sencillas. Un experto, en mi opinión, debe ser capaz de:
1. Proporcionar una definición no trivial de un problema en su ámbito de conocimiento;
2. Proporcionar una solución no trivial para ese problema que produzca un resultado muy superior al que daría la 'solución' de una persona no experta;
Y debe hacer esto de manera eficiente, en un tiempo mínimo, con economía de recursos.
Si os fijáis, no entro en si una persona, para considerarse experta en una materia, debe ser reconocida como tal. En principio, parece obvio que así deba ser, pero la Historia demuestra una y otra vez , en las Ciencias como en las Artes, que el reconocimiento del expertise no es siempre merecido y no siempre es reconocido a quien más lo merece. A falta de medidas cuantitativas objetivas, creo que deberíamos considerar experto sólo a aquel que lo demuestre con sus juicios y, lo que es más importante, con los resultados de su práctica en cada ocasión en que sea puesto a prueba su 'expertise'.
Dicho esto, ¿Cómo se llega a ser un 'experto'? Pues la principal conclusión del artículo de Ross es que 'experts are made, not born'. Al parecer, las evidencias experimentales en apoyo de esta tesis son aplastantes. El
autor insiste en que tan sólo con un esfuerzo tremendo, continuado,
consigue alcanzar una persona el dominio de un campo del conocimiento o
habilidad - ya sean éstos el juego del ajedrez, la
interpretación de un instrumento musical o la práctica de un deporte.
Incluso en el caso de los llamados "niños prodigios", argumenta que a
menudo se confunde precocidad con talento.
Las investigaciones realizadas indican que los expertos se apoyan en una vasta cantidad de conocimiento de su área cuidadosamente estructurado para ser rápida, casi instantáneamente, recuperado desde su memoria a largo plazo para ser manipulado en su memoria operativa o de corto plazo. La clave parece radicar no en la capacidad de, digamos, 'fotografiar' decenas de miles de posiciones de un tablero de ajedrez, sino más bien de llegar a un conocimiento de la lógica, las relaciones, interacciones, dinámicas, patrones o configuraciones de los elementos que conforman nuestro ámbito de conocimiento. Si he entendido bien, el estudio riguroso de un número enorme de casos particulares permite construir unos pocos patrones genéricos pero muy significativos - denominados 'chunks' por Simon. Un gran maestro de ajedrez no tiene que recordar cada detalle de cada partida que ha jugado, porque puede reconstruir cualquiera de ellas a partir de unos pocos datos con su bien organizado sistema de "relaciones de juego".
Semejante 'cuerpo de conocimiento' no se consigue gratis. Aunque los investigadores pueden diferir en otros puntos, todos coinciden en que construir tales estructuras o modelos mentales requiere de un enorme esfuerzo. Herbert A. Simon, de la Carnegie Mellon University, enunció una regla al respecto: "dominar cualquier campo requiere de al menos una década de 'trabajo duro'".
¿Qué podemos hacer si no disponemos de una década? ¿Hay algún atajo al 'expertise'? Estudios recientes señalan que en determinados campos - como el ajedrez o las matemáticas -, en los que se ha producido en los últimos años una proliferación de 'niños prodigios', la introducción de nuevos métodos de enseñanza ha acortado en el tiempo la curva de aprendizaje. Alguno de vosotros habrá comprobado que el empleo de simuladores - como, por ejemplo, los management flight simulators tipo The MIT Beer Game o el TOC Executive Challenge - aceleran de forma impresionante la asimilación de conceptos, así como el desarrollo de habilidades. Asimismo, el esfuerzo realizado por los expertos que nos preceden en la difusión de sus propios conocimientos, ordenados, sintetizados, nos facilita mucho el trabajo. Ejemplos que me vienen a la cabeza en mi ámbito son los 40 principios inventivos o la Matriz de Conflictos definidos por Altshuller o los arquetipos sistémicos genéricos definidos por el profesor Eric Wolstenhome, ganador del Jay Wright Forrester award de 2004. Tanto unos como otros han sido de enorme ayuda en mi (lento) progresar hacia el anhelado estatus de "experto" - ¿en qué? Buena pregunta, sagaz lector!
De cualquier modo, nada de esto te ahorra el tener que esforzarte, y mucho, durante meses o años, antes de empezar a dominar una materia. El camino hacia el 'expertise' pasa por la asunción continuada de retos, siempre crecientes, que te lleven cada vez un poco más allá de los límites de tu competencia. Por poner un ejemplo personal, preparar el curso de Procesos de Razonamiento de TOC que imparto en abierto en el Instituto de Empresa contribuyó a dar solidez a mi dominio de esa materia. Lo que es mejor, me ha animado para asumir nuevos retos en ese campo: estoy preparando seminarios específicos para su aplicación en otros ámbitos - especifícamente Marketing y comercial - así como un libro que, si Dios quiere, saldrá a la luz en septiembre de 2007. La fórmula del genio, ya lo dijo el Sr. Edison, es bien sencilla: 99% transpiración, 1% inspiración!


Recent Comments